Tu rostro como puerta de calma para el sistema nervioso
- 14 ene
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Actualizado: 23 ene
Tus músculos faciales provocan cambios en tus emociones.
Terminaciones del nervio vago se conectan con núcleos que controlan los músculos faciales , en coordinación con otros nervios craneales, participa en los circuitos que regulan la expresión facial y la percepción de seguridad (más que nada ángulos de la boca y ojos)

Este nervio se encarga no sólo de llevar información desde nuestro cerebro a estos músculos para poder expresarnos, sino también de receptar las expresiones faciales de otras personas.
En milésimas de segundos la información de las expresiones de las personas con las que interactuamos llegan al cerebro y éste las procesa y devuelve mensajes desde el cerebro hacia afuera con gestos faciales.
Por eso a veces sonreír aunque no tengamos ganas y enderezar nuestra espalda y hombros nos levanta el ánimo: le estamos enviando un mensaje directo a nuestro cerebro a través del NV de que estamos a salvo y de que vamos a poder enfrentar lo que se nos presente sin problemas.
El nervio vago es mayoritariamente aferente: muchas de sus fibras llevan información desde el cuerpo hacia el cerebro, influyendo en nuestra experiencia emocional.
Por el mismo motivo los masajes faciales nos relajan: le enviamos mensajes de serenidad de ida al cerebro.
También los drishti (llevar la mirada hacia un punto con los ojos cerrados ó simplemente cerrar los ojos por algunos minutos durante el día) nos da tranquilidad. La córnea crece en dirección al cerebro y cerrar los ojos nos lleva hacia ahí. Hacia donde procesa el pensamiento.
Con las respiraciones conscientes podemos escanear nuestro rostro desde los hombros hacia arriba y podemos ir liberando tensiones teniendo en cuenta esta info podremos bajar ansiedad , otorgarnos claridad mental, reducir dolores de cabeza, bruxismo entre otras.
3 prácticas simples para implementar:
1. Media sonrisa: Una media sonrisa es una valiosa manera de cambiar tu estado mental y cultivar una sensación de serenidad en el momento presente. Dado que el nervio vago se extiende a los músculos faciales, puedes aumentar el tono vagal relajando los músculos de tu cara y luego curvando ligeramente los labios hacia arriba. Esta práctica ayuda a activar lo que el Dr. Stephen Porges llama el "sistema nervioso social", la rama más evolucionada del nervio vago. Al sonreír, imagina que tu mandíbula se suaviza y una sensación de relajación se extiende por tu rostro, toda tu cabeza y tus hombros. Observa los sutiles cambios en la calidad de tus pensamientos y emociones.
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Postura del león o Simhansana
La Respiración del León es una técnica energizante con beneficios tanto físicos como mentales. Estira los músculos y estimula los nervios del rostro, aliviando así la tensión y mejorando la circulación.
Repetirla al menos 3 veces

Meditación de la autocompasión
Cada vez que te des cuenta que tu voz interna te exige, imagina que estás frente a esa amiga a la que sueles elegir para contarle tus cosas. ¿Cómo le expresarías ese mismo mensaje a ella?
Pon en palabras ese mismo mensaje e imagina qué te diría y cómo te lo diría ella, que siempre te aconseja.
Tu voz es la que más escuchas, revisa el tono en el que te hablas. Elije meditaciones del perdón, de bondad amorosa y de autocompasión. Con el tiempo esas palabras irán calando profundo en ti.
Profundizando un poco más: el nervio vago y la sensación de seguridad
La teoría polivagal, desarrollada por Stephen Porges, nos ofrece un marco para comprender cómo el sistema nervioso autónomo responde de manera adaptativa a nuestro entorno. Según esta mirada, el nervio vago cumple un rol central en la regulación de nuestras respuestas frente a la seguridad y el peligro.

El nervio vago funciona a través de dos grandes vías: la vía vagal ventral y la vía vagal dorsal. La vía ventral, más reciente en la evolución de los mamíferos, forma parte de lo que se conoce como el sistema nervioso social. En coordinación con otros nervios craneales, participa en la regulación de los músculos de la cara, la cabeza, la voz y la respiración, facilitando la conexión, la comunicación y la sensación de seguridad con los demás. Cuando esta vía está activa, el cuerpo se siente más disponible, presente y en calma.
Desde que nacemos, nuestro sistema nervioso está permanentemente evaluando el entorno en busca de señales de seguridad o de amenaza. Este proceso ocurre de forma automática e inconsciente y es lo que la teoría polivagal denomina neurocepción. A través de la neurocepción, el cuerpo analiza gestos, miradas, tonos de voz, posturas y también señales internas, sin que tengamos que pensarlo de manera consciente.
Cuando el entorno es percibido como seguro, el sistema de interacción social se activa de forma natural. Podemos conectar, comunicarnos, aprender y regularnos emocionalmente. En cambio, cuando el sistema nervioso detecta peligro, se activan otras respuestas de protección. La activación del sistema nervioso simpático nos prepara para la lucha o la huida, mientras que la vía vagal dorsal puede llevarnos a estados de inmovilización, desconexión o colapso cuando el peligro es percibido como abrumador.
El nervio vago es especialmente relevante en este proceso porque gran parte de su función es llevar información desde el cuerpo hacia el cerebro. Esto significa que no solo reaccionamos a lo que pensamos, sino también a lo que sentimos y expresamos corporalmente. Las vías vagales ventral y dorsal responden de manera diferente según cómo el cuerpo interpreta las señales del entorno y de nuestras relaciones.
La vía vagal ventral responde a señales de seguridad y favorece la sensación de bienestar, conexión y regulación emocional. La vía vagal dorsal, en cambio, se activa frente a señales de amenaza intensa, llevando al cuerpo a protegerse mediante la desconexión o la inmovilización. Estas respuestas no son errores, sino estrategias de supervivencia profundamente arraigadas en nuestra biología.
La evolución nos da pistas sobre este funcionamiento. A diferencia de otros animales, los humanos contamos con un sistema de interacción social altamente desarrollado que incluye los músculos de la cara, la cabeza y el oído medio. Este sistema nos permite percibir mejor las frecuencias calmantes de la voz humana, diferenciar sonidos amenazantes y responder de manera más precisa a nuestro entorno social.
Comprender estos mecanismos nos ayuda a mirar nuestros estados emocionales y corporales con más amabilidad. Muchas de nuestras reacciones no son elecciones conscientes, sino respuestas automáticas del sistema nervioso. A través de prácticas corporales, respiración consciente, regulación del rostro y la postura, podemos ofrecerle al cuerpo señales de seguridad que favorezcan estados de mayor calma, claridad y conexión.
Espero te sea de utilidad esta información para entenderte y tener más recursos de bienestar.
Te dejo todas las fuentes que consulté para escribir este artículo para que puedas ahondar más en diferentes autores si te interesa.
Con cariño, Lucia
Todas mis clases en https://anandup.com/
FUENTES
“Una cosa sencilla” Eddie Stern
“Activar el nervio vago” Navaz Habib





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